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Tiempo Ordinario
Desde el 11 de Enero hasta el 16
de Febrero y del 24 de Mayo hasta el 27 de Noviembre
Ordinario no significa de poca
importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con
este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos
fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su
preparación y su prolongación.
Es el tiempo más antiguo de la organización del año
cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34
semanas, de las 52 que hay.
El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que
pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida:
así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya
maduro, responsable ante la misión que le encomendó su
Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante
de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir,
desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a
los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario
debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra
esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la
Voluntad Santísima de Dios. Esta .s la gracia que debemos
buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del
Tiempo Ordinario.
Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se
enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas
ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida
profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones
humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros
sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos
ejercitar en todo esto!.
El Tiempo Ordinario se convierte así en
un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los
acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en
santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en
tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está
atento y tiene fe y amor!.
El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el
prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos
movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no
sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino
que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos
gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del
Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los
muertos”.
Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una
primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del
Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde
después de Pentecostés hasta el Adviento.
Este Tiempo Ordinario ahí que aprovecharlo con gran fervor,
con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es
tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada
rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para
descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo
y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante
este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano
ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando
la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies
de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor,
de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales.
Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de
fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?.
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